Crujidos de pisadas en
la hierba seca y ruido de cuchillos. Con opulencia una mirada vertical a los
cielos evoca benignas estrellas. No sé. El viento enamorado está soplando sobre
azucenas blancas, y murmura preguntas, y pasa de largo sin que yo entienda ni
pueda. Dos destinos sobre la cabeza de un hombre. Jugando está la muerte con
magnitudes extrañas. Yo quisiera llorar hasta abrirle grietas a las piedras.
Destino que quiere soplarme un veneno. Ojos también que me buscan, más allá de
la bruma, para sonreírme.
viernes, 19 de febrero de 2016
martes, 2 de febrero de 2016
Mi pena hermoseada...
Mi pena hermoseada de
flores… ¡Cómo enjugan los cabellos tuyos las lágrimas que serán pisadas! ¡Y qué
amargo es el barro que entiende de cuchillos y de calzado tras las puntas del pelo
lisonjeado que arrastras! Pero tienen las flores algo…, qué sé yo, un dolor de
cantos apartados en el cosmos cual si le doliera parir el universo, tan
callado y templado, y todo lo descomunal como barro. Yo que solamente he nacido
para evidenciar un cerebro, ¡tan poco doy! Pero mírame apoyado en la ventana
que contempla las constelaciones del Este, y ven y llora conmigo por lo tanto
todo lo que queremos, para ti y para mí, en una noche sin Dios y el universo
absurdamente vacío.
sábado, 16 de enero de 2016
Lejos eres dueño de algo magnífico...
Lejos eres dueño de
algo magnífico. Lejos eso es tuyo. Por eso cuando siento la respiración
descomunal de tus pulmones y corroboro que es la lluvia lo que escucho
apartadamente, sé que eres dueño del aguacero, y no eres malo. El pulmón
pequeño, que es caliente, que si lo cierro haciendo una cuenca con las manos
bendecirá toda clase de pulmones, altos y los bajos, porque avisan de una próxima
felicidad forastera o vernácula, me hace llorar, y he empezado a esperar, en
esa carne que con sumisión vemos evaporarse, no la tuya no la mía, sino la del
universo, reafirmarse en que aún prosigue escuchando a los hombres.
viernes, 27 de noviembre de 2015
Viril vibración...
Viril vibración de la
luz era arriba. Caían hojas muertas desdeñando su oro en una pesadilla que
reposaba en su tragedia. Me hundí en la fiebre, entre tormentosas puñaladas que
destilaban oro de una gran postrimería de la luz que sería otra mañana. Sacudido
por mi propio grito de horror desperté filósofo y sucio, trasgresor. Me abrí
paso entre el viento, y mi frente rompiendo su tibieza se elevó contra el cielo
azul. Bella fue, me dije, y comencé a recordarla. Y en sueños me entregué a las
rosas que habían desaparecido de la Tierra, y me dirigí a Dios. Y le dije: Tú como
yo, Señor, ya sabemos más de lo que querríamos saber.
viernes, 23 de octubre de 2015
Hallar carnal un mundo...
Hallar carnal un mundo
y sin sentido, y en una tarde vana volver los ojos hacia el cielo incólume, que
erige ciudades sobre añiles enfermizos y apagados, y espera al viajero desencantadamente,
y espera la cosecha en la primavera absorta y alucinada. Sé que alguien
preguntará cómo lo miraremos con nuestros ojos disecados. Y el cielo esperado,
cómo la reduciremos a cenizas de la imaginación. Se consumirán tantos oscuros abriles
en un boquete que lastimará la luz vibrando arriba. Y, abajo, tercamente
horrorizados, no querremos pensar en la venidera sombra. Pero habrá cielo,
hermano terco. Pero habrá cielo contra todos o contra uno. Y veremos lluvias a
lo lejos sedimentando en el barro como un absurdo y una ofuscación.
jueves, 15 de octubre de 2015
Ella tenía unas manos languidecidas...
Ella tenía unas manos languidecidas, con incrustaciones en las uñas, por
las que no me detuve. Tenía los ojos turbios y fatigados, y seguí mi camino. Oí
su respiración debilitada en una noche, tan silenciosa, que lo retirado podía
pasar por colindante. Comprendí que aquella mujer era tan libre que estimulaba
la compasión. Fue en una noche bestial, apremiado por un deseo bestial, cuando
tomé la determinación de poseerla. Pagué, con mi dinero sucio, su cuerpo y el
alba que me la quitó de los brazos para siempre. Pero, antes, vi su corazón
pequeño, como una casa pequeña y hospitalaria. Una casa pequeña y hospitalaria en
la que pude entender que hacía falta un milagro para despertar mi corazón a las
tentaciones de los ángeles buenos, codiciosos de lunas insolventes.
martes, 22 de septiembre de 2015
Vengo con sed y con boquetes...
Vengo con sed y con boquetes porque mis perturbaciones son la sed y el
hueco. Vengo a una llanura de pechos y de venas henchidas de leche. Vengo a un
grueso de tropas invencibles para colmar y engullir su mínimo vacío. La sombra
de un árbol ya no me complace, ni las dudas pueden afligirme el pecho. A
rebosar vengo. Yo, manantial. Yo, excelsitud. Esta alegría no ha venido a fracasar.
Esta alegría ya casi está besándome. Por el camino, voy abandonando vísceras
calientes. Hoy comienza mi día equivocado. Y escribo equivocadamente, porque no
se puede escribir de otra forma cuando algo cautivador va a turbarnos y tendernos
sus manos abrumadoras. Y se sale.
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