Soy el agua. Soy tibia
como tus hijos,
y huyo. El invierno
aguarda,
tú no sabes que es el
invierno
y quisieras saber por
qué estoy rizada.
¡Cuántas penas me
añoran,
buscan esa manera que
fui pensada!
Yo era el alcohol que
se funde
en el alba rayada,
una manera de quietud
encumbrada
por los poetas. No sé.
Quisiera tenderme sobre
mi cola
y revolverme y
aburrirme, y no entender nada.
Una sucia manera de
dormir después del coito,
de mancharme con sus
sábanas mojadas.
Arder muerta,
intensamente muerta,
que no haya nadie más
muerta que yo
ni que oiga con más
finos oídos su propia muerte
ni el horror que le
aguarda,
al precio de saberse
mejor, así, existiendo.