Voy cargado de dolores,
con mi negra melancolía,
al tiempo que llegue yo,
llegará mi corazón que no ardía.
¡Ábrele la vida!
¡Ábrele la vida!
Si no madrugara más mi
corazón,
que el resto de mi
anatomía,
tú no persistirías ni
ideal ni nacarada,
y lívida y turbada te encontraría.
¡Ay, ábrele la vida!
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