Qué clara triunfa la luz
de las mañanas infantiles,
junto al buen padre, convulsionados los ojos,
y un perfume a enseñanzas de imposibles.
Aquélla época virtuosa, hoy,
asemeja un estío de soles que esplenden.
¿Es padre que se torna perenne
cien veces roto por la sangre?
¿son sus ojos que cortan el imposible
cien veces rota la paternidad?
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