viernes, 15 de julio de 2016

Soy el agua...


Soy el agua. Soy tibia como tus hijos,
y huyo. El invierno aguarda,
tú no sabes que es el invierno
y quisieras saber por qué estoy rizada.
¡Cuántas penas me añoran,
buscan esa manera que fui pensada!
Yo era el alcohol que se funde
en el alba rayada,
una manera de quietud encumbrada
por los poetas. No sé.
Quisiera tenderme sobre mi cola
y revolverme y aburrirme, y no entender nada.
Una sucia manera de dormir después del coito,
de mancharme con sus sábanas mojadas.
Arder muerta, intensamente muerta,
que no haya nadie más muerta que yo
ni que oiga con más finos oídos su propia muerte
ni el horror que le aguarda,
al precio de saberse mejor, así, existiendo.

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