Este menoscabo de la
luminosidad,
rendida de arremeter
contra mi vano muro,
tiene un motor de
gusano laborioso
que sabiamente se
multiplica.
Alimenta mi sangre la
paz que me acecha
y puedo oír su exultación
y su desdicha pobre
como una columna que ya
jamás será barrida.
La vida, bendita,
hermosa, la que besa,
ha pasado delante de mi
ventana
y me ha sorprendido con
un giro de su voluntad,
una cabriola en el
aire.