Mi belleza quiere tener
las palabras
de un acordeón llorando
que en su respiración para
él desertan
los huesos y la manera
de soñar de los sueños.
A la segunda
respiración del fuego
ya extrañas un vértigo un
traslado,
pero el acordeón llena
de aire lo lleno
y encolerizas esperando
el almíbar mojado.
En un despertar mutilado,
los rostros
y el acordeón te mirarán
sin verte.
¡Tienen tantas
respiraciones su amor!
¡Es tanta la pena que
tiene de hablarte!
Pensar en lo bueno de
las noches malas:
febriles descienden las
prostitutas
a ver si ha callado el
llanto y obran.
París equivalente a un
rosal se masturba.
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