Sombras juntas juntísimas
que toman la boca
y escupen adioses juntísimos
como un deshielo del odio.
Almas negras de la mano
cogidas que se tragan un aire ceñido
y huyen con su cansancio del otro...
Yo no sé dónde van ni cuándo
volverán sus ojos hacia mí,
porque oyen con los ojos
del dolor juntísimo
porque caminan juntísimas de la mano
y sólo buscan las piedras
y el vocerío que apasiona su obstrucción.