martes, 28 de junio de 2016

Mi beso...

Mi beso estuvo tan cerca de tu boca
que rieron extendiéndose las alas de los arcángeles.
Tan cerca de mi boca enrarecida y mojada
por sus lenguas inmemoriales,
yo, sentí el beso querido volando
hacia ti entre sus alas,
que decliné mayor felicidad. Se limitaron el instante y la gana,
y se agriaron el día y la noche,
y el aire, que se iba regando de voces
y risas de arcángeles, vi como desapuntalaba,
penitente, tu lengua de mi mente desesperada.

viernes, 24 de junio de 2016

Lego mi pasado...

Lego mi pasado a la nostalgia
que me encontró echando unas cervezas,
en una taberna de amigos
que se bebieron mi pena por la belleza.
Veo confines para otros
que me advirtieron de esta dura tierra,
donde la cizaña parodia
quien ser quiero por delicadeza.
Por eso, entero espero el pan hoy
que Dios ayer me dejó cerca.
La sonrisa del amigo, la amada,
ya la cobré, en una noche de estrellas inmensa.

domingo, 19 de junio de 2016

Las alas que me pusieron...

                  I

Las alas que me pusieron
no pudieron alcanzarte.
Cuando se llora por eso
el llanto no es importante.
No se sabe morir, dicen,
por un sueño. Dicen,
porque aún no es de nadie.
Tengo dos alas, madre,
que no me sirven ni para estrellarme.

                    II

¡Vidas que sólo quieren huir!
¡Vidas moribundas
que nunca se endulzan!
Vidas sin nada que decir,
que un otoño cualquiera pasan,
con tan respetuoso silencio,
que enamora su voluntad
de pasar.

sábado, 18 de junio de 2016

Ojos con tanto frío...

                       I

Ojos con tanto frío
que no quieren ser de la vida.
Manos que pudieron ser como un río
recorriendo la espina dorsal,
y ya sólo esperan el aliento tardío
que llega a la arena e instruye teorías de la mar.

                       II

Yo miraba un punto
en el horizonte marino.
Y parecían brillando mis ojos,
los ojos de una fiera
encolerizados con un dios mendigo.

miércoles, 15 de junio de 2016

Entrará en mis honduras...

Entrará en mis honduras
una nube de luz.
¡Perro del amo y las golondrinas
negarás que fueras tú!...
Porque hay sueños soñados con el alma
y disparos cálidos de sombra
que te vuelven a mirar: ¡ayer de lágrimas
que hoy enjugas en blancas sábanas!

miércoles, 25 de mayo de 2016

Anduve en la noche...

                       I

Anduve en la noche equivocado.
Pensaría, yo, que aquel estrépito
era la claridad que venía,
y caminaba por ella alborozado.
Idearía la alondra
un amanecer
en el frescor de tu costado,
y unas rosas empapadas de lozanía
y del rocío de la amanecida.
¡Ay, cómo cantaba la alondra!
    
                   II

Mi jardín perpetrado por manos
de un jardinero irracional,
trozos de él recuerdan pretéritas verduras,
tensas cuerdas de guitarra primaveral.
No es nada. No me pasa nada.
Pero el amor que sabe abrazar
no pasará por mi lánguido jardín.
Perjuraría que no va a pasar.
¡Oh, mi disipado jardín
que fúnebremente ideal
llegó hasta el invierno!,
hoy batido por un viento invernal.

                      III

Junto al mármol, una amapola
te velará en el sueño.
No pidas más. Te recordará,
cada primavera, el beso
breve de la vida.
Trasminará de tu cuerpo
un exceso de amor de la carroña.
Y habrá en el viento
una parte de ti
obcecada y durmiendo.
Y tanto como fuiste
seguirá transgrediendo
la ley severa en cada respiración
de los enamorados,
y estiércol generoso serás,
hospitalario con tu flor leal.

martes, 17 de mayo de 2016

No por su mente...

No por su mente que todo lo viola, no por su delicado rostro tallado por una rosa durante los trabajos de la primera primavera, yo daría mi vida por su espalda, vértigo de las caídas que fueron alguna vez desde sus hombros. Vivimos los tiempos de los costillares benditos de agua y sangre, rotos de las frontales miradas de la cognición y esperando todas las demás frontalidades. Yo amo la espalda de Dios y razono que mi dedo que le apunta puede apuntar también hacia lo que odio. ¡Qué pena que tan grave viento milenariamente caído que la refrescó hállese vuelto loco! No tengo más pena que Dios haya cerrado y concluido su obra en este atardecer triste de espaldas hondas. Atardecer triste de nadas rebosantes. Atardecer de cerraduras y rosas.