Fue por primavera,
cuando estrambóticas flores conquistaban los parques y un tibio sol meditaba en
el cielo arrojándonos sus abstracciones. Aquel día supuse que habría algo
unánime y bello para mí en el horizonte, donde los delirios de un don Juan
trasnochado y senil dirigiera sus pasos, lleno de amaneceres rimbombantes y
bulliciosos de objetos como las ciudades en navidad. Tan alegre y
obstinadamente me equivoqué del día que mi corazón perfumaba, y a tan temprana
hora me puse en camino, que llegué a mi destino cansado de no mirarme el alma,
que no gozó del rocío que la bañaba y de
los luceros que se romperían al alba …El cansancio de soñador que opina que
nada tiene de valioso un camino que no deja estelas como los caminos que tiene
la mar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario