jueves, 14 de abril de 2016

Voy arrastrando mi desventura...

Voy arrastrando mi desventura y sin comprender quién soy. Levanto la testa absurda y con angustia me dejo salpicar por la lluvia. No hay impiedad como la lluvia que a un hombre atormentado moja. Roba de mí y ya no soy yo. Mis ojos ya salen. Mi mente busca la curvatura absoluta. Mis manos han quedado ansiosas sin la trayectoria de tus pechos. La lluvia ha robado de mí, y ya no soy yo. Vengo de un benigno anónimo a un mundo de oscuridad que ya llega, y es tibio como una paloma que aprieto entre mis manos. Tocaremos la piedra, hundiremos las manos en el agua. ¡Qué más da que haya rosas si no son para mí! ¿Cómo no dilucidar en la incomprensión al Hombre? Está la luna rota arriba y abajo el hombre que ha creído oír el crepitar de su fuego ¿No danzan ya los muertos? Esa fue su pregunta.

jueves, 7 de abril de 2016

Por aquí pasa el amor...

Por aquí pasa el amor con un hedor de río turbio. Los pies descalzos lo comprenden con angustias que les vienen frontalmente. Arroyo del amor sombrío que vences mirando a los ojos ¿un torbellino de desprecios te trajo? ¿Por un torbellino de caricias circundas su sexo, y te vas? Tú ya no lo sabes, pero tú ya no lo entiendes… Está lloviendo con magnitud extraña. Y no se sabe, y no se entiende qué está pasando… ¿Sabes tú qué es la lluvia que recibe el hombre en pleno de serenidad? Nostalgia, ¡nostalgia maciza y negra! ¡Eso es!

sábado, 2 de abril de 2016

Érase una casa...

Érase una casa embriagada de flores. Érase una vez dos sueños jineteados en el agua. Pero ¿quién sabe dónde se acaba la hondura del agua? Perro soy que quiere soñar con honduras precediendo un monte. Pero ¿quién puede oír el brillo de una víscera bramando venganza? Soy el perro jineteado. El niño ríe. La madre piensa en cosas que están lejos. Corre mi sangre por surcos indócil -¿no ves cómo me estoy desangrando?-. Mi sangre se parece a mí más que todo lo que humedece mi forma de mirar. Y ya no me cabe tanto hueco para mi sangre desaguada. Y estoy mirando cualquier cosa.

lunes, 28 de marzo de 2016

Llovizna...

Llovizna. Como un nuevo lenguaje del agua, llovizna. Y sé que estabas hace un momento aquí, y ahora estoy solo. Pero ¡no!… ¡Están todos los reflejos tuyos sobre los cristales! Me devuelven los matices que te abandonaron. Estás, pero juguetona y alegre, sobre lentas irisaciones que te invocan. Estás, lees un libro, te alejas de mí. Tuve la carne trémula, ahora oigo el latido delicado que pervivió. Mujer, tú no debes morirte del todo. Porque aquí siempre habrá una primavera que te exhorte y te diga: “¡Levántate!”, y empañados los cristales te persuadan a arrojarte de nuevo a los espejos. Porque sabes que nuestra casa es pobre y triste cuando callan los latidos fantasmales que la poblaron, y pensaron en volver interminablemente a la génesis de nuestros sueños.

jueves, 24 de marzo de 2016

Te ibas claramente...

Te ibas claramente ajena a los rasgos severos que ponía la lluvia lentamente en ti y decoraban el adiós inconmutable. Seguían subrayadas con flores las veredas y atravesabas el ocaso con un “Adiós” desigual a una nube gris o un infierno. Ibas dejando lágrimas y muertos. Ibas montada en una irrealidad de hierbas. Sugerías una canción que embriagaba si volvías la vista y los cabellos. El poema se rompió en el papel y quedó flotando sobre el suelo del ocaso de sangre, templando con la última perfección la lejanía que mis manos de agua no te podían enlazar… Y unas palabras que doraban el suelo de una mística lucha. Lágrimas y muertos. Discúlpame si no hallé otro temblor último que se dilatara hasta donde tú alzabas la mano en adiós, perdida ya a lo lejos.

domingo, 20 de marzo de 2016

Algo quiso derribarme...

Algo quiso derribarme y me dijeron que el viento. Mi hogar alucinado dolía como el disparo de una pistolita de plástico. Mi hogar evocaba porque olía a plástico calentado. Es muy duro morir por el disparo de una pistolita de plástico porque el niño que la empuña ríe dirigiendo sus dientes burlones. Es falso asimismo que se rememoren las pistolitas de plástico de la niñez. Uno cae al suelo y magnetizado se sueña con una muerte miserable. Sugestionado se ablanda el corazón y nuestra tragedia de mentira nos sirve por un momento para llorar por nosotros mismos. Algo quiso derribarme y me dijeron que el viento. Me gustaría ver llorar a alguien por mí, pero no tengo corazón para divergir. Algo quiso derribarme tan potentemente real como una pistola de plástico o el viento inmaduro que sólo odia y derriba.

jueves, 17 de marzo de 2016

Le rozaría las mejillas...

Le rozaría las mejillas. Pondría la huella del descaecimiento en sus mejillas, rondándole incluso los labios, un fragmento de la comisura, como un ciego. Percibiera ella el mundo como un motor imparable que se ha dañado, que cede a ese pulso íntimo de sentirnos dentro de la oscuridad. Sintiera el cuerpo maltrecho, una luna que truena arriba, dolor en los brazos que iban a abrazarme en un impulso irracional, loco. Y no fuera nada más que hemos estado a punto de burlarnos desgarradamente de la buena educación. “¿Qué haces aquí en el mundo conmigo?”, debí preguntarla. Entonces todo se hubiera llenado de misterio alrededor de un círculo no más grande que el de dos cuerpos que no se han abrazado.