domingo, 24 de abril de 2016

Mi sangre ya lo dijo...

Mi sangre ya lo dijo, mis manos ya lo esperaron. Hallé la paz de mi sangre y de mis manos. El camino que nos abrió la salida del laberinto ya fue cubierto. Danza en el aire un olor de jazmines que me abre el pecho. ¿Tienes tú el hambre de desandar un laberinto? Ojos para desear esta noche pretenden mi frente y la manera de morir que yo quiero. En esta noche las gaviotas me picotearán el aliento hasta acabármelo. Pretendo que tú seas el espectador de mi ausencia sin fondo. Ahora que mido mi paz contigo y nos miramos sin complejos para no llorar tanto, hay que llorar y hay que ser soberbios. Amor mío, amor que tuvo una ventana dentro de mi casa, ¿tienes tú el hambre para desandar lo llorado?

jueves, 21 de abril de 2016

...Y el muchacho partió...

…Y el muchacho partió lejos cuando el mundo era humildemente plano, y cuando llegó al país más glorioso por sus sueños de la historia meditó que el prestigio que lo recubría era demasiado grande para aquélla fácil localización de sus puertas de acceso. Tampoco pudo comprender que estuviera vacío, un país alabado por tantos relatos referidos durante su infancia. No obtuvo otra respuesta que había sido abandonado por infecundo o que las personas que lo poblaron alguna vez habían muerto. Otra respuesta obtuvo: “Los sueños que soñaron debieron ser progresivamente más imposibles de realizar, lo que significó el fin de la eficacia de sus proyectos”. Y otra: “Murieron sin concebir la muerte por antagónica con la vida”.

jueves, 14 de abril de 2016

Voy arrastrando mi desventura...

Voy arrastrando mi desventura y sin comprender quién soy. Levanto la testa absurda y con angustia me dejo salpicar por la lluvia. No hay impiedad como la lluvia que a un hombre atormentado moja. Roba de mí y ya no soy yo. Mis ojos ya salen. Mi mente busca la curvatura absoluta. Mis manos han quedado ansiosas sin la trayectoria de tus pechos. La lluvia ha robado de mí, y ya no soy yo. Vengo de un benigno anónimo a un mundo de oscuridad que ya llega, y es tibio como una paloma que aprieto entre mis manos. Tocaremos la piedra, hundiremos las manos en el agua. ¡Qué más da que haya rosas si no son para mí! ¿Cómo no dilucidar en la incomprensión al Hombre? Está la luna rota arriba y abajo el hombre que ha creído oír el crepitar de su fuego ¿No danzan ya los muertos? Esa fue su pregunta.

jueves, 7 de abril de 2016

Por aquí pasa el amor...

Por aquí pasa el amor con un hedor de río turbio. Los pies descalzos lo comprenden con angustias que les vienen frontalmente. Arroyo del amor sombrío que vences mirando a los ojos ¿un torbellino de desprecios te trajo? ¿Por un torbellino de caricias circundas su sexo, y te vas? Tú ya no lo sabes, pero tú ya no lo entiendes… Está lloviendo con magnitud extraña. Y no se sabe, y no se entiende qué está pasando… ¿Sabes tú qué es la lluvia que recibe el hombre en pleno de serenidad? Nostalgia, ¡nostalgia maciza y negra! ¡Eso es!

sábado, 2 de abril de 2016

Érase una casa...

Érase una casa embriagada de flores. Érase una vez dos sueños jineteados en el agua. Pero ¿quién sabe dónde se acaba la hondura del agua? Perro soy que quiere soñar con honduras precediendo un monte. Pero ¿quién puede oír el brillo de una víscera bramando venganza? Soy el perro jineteado. El niño ríe. La madre piensa en cosas que están lejos. Corre mi sangre por surcos indócil -¿no ves cómo me estoy desangrando?-. Mi sangre se parece a mí más que todo lo que humedece mi forma de mirar. Y ya no me cabe tanto hueco para mi sangre desaguada. Y estoy mirando cualquier cosa.

lunes, 28 de marzo de 2016

Llovizna...

Llovizna. Como un nuevo lenguaje del agua, llovizna. Y sé que estabas hace un momento aquí, y ahora estoy solo. Pero ¡no!… ¡Están todos los reflejos tuyos sobre los cristales! Me devuelven los matices que te abandonaron. Estás, pero juguetona y alegre, sobre lentas irisaciones que te invocan. Estás, lees un libro, te alejas de mí. Tuve la carne trémula, ahora oigo el latido delicado que pervivió. Mujer, tú no debes morirte del todo. Porque aquí siempre habrá una primavera que te exhorte y te diga: “¡Levántate!”, y empañados los cristales te persuadan a arrojarte de nuevo a los espejos. Porque sabes que nuestra casa es pobre y triste cuando callan los latidos fantasmales que la poblaron, y pensaron en volver interminablemente a la génesis de nuestros sueños.

jueves, 24 de marzo de 2016

Te ibas claramente...

Te ibas claramente ajena a los rasgos severos que ponía la lluvia lentamente en ti y decoraban el adiós inconmutable. Seguían subrayadas con flores las veredas y atravesabas el ocaso con un “Adiós” desigual a una nube gris o un infierno. Ibas dejando lágrimas y muertos. Ibas montada en una irrealidad de hierbas. Sugerías una canción que embriagaba si volvías la vista y los cabellos. El poema se rompió en el papel y quedó flotando sobre el suelo del ocaso de sangre, templando con la última perfección la lejanía que mis manos de agua no te podían enlazar… Y unas palabras que doraban el suelo de una mística lucha. Lágrimas y muertos. Discúlpame si no hallé otro temblor último que se dilatara hasta donde tú alzabas la mano en adiós, perdida ya a lo lejos.