domingo, 19 de junio de 2016

Las alas que me pusieron...

                  I

Las alas que me pusieron
no pudieron alcanzarte.
Cuando se llora por eso
el llanto no es importante.
No se sabe morir, dicen,
por un sueño. Dicen,
porque aún no es de nadie.
Tengo dos alas, madre,
que no me sirven ni para estrellarme.

                    II

¡Vidas que sólo quieren huir!
¡Vidas moribundas
que nunca se endulzan!
Vidas sin nada que decir,
que un otoño cualquiera pasan,
con tan respetuoso silencio,
que enamora su voluntad
de pasar.

sábado, 18 de junio de 2016

Ojos con tanto frío...

                       I

Ojos con tanto frío
que no quieren ser de la vida.
Manos que pudieron ser como un río
recorriendo la espina dorsal,
y ya sólo esperan el aliento tardío
que llega a la arena e instruye teorías de la mar.

                       II

Yo miraba un punto
en el horizonte marino.
Y parecían brillando mis ojos,
los ojos de una fiera
encolerizados con un dios mendigo.

miércoles, 15 de junio de 2016

Entrará en mis honduras...

Entrará en mis honduras
una nube de luz.
¡Perro del amo y las golondrinas
negarás que fueras tú!...
Porque hay sueños soñados con el alma
y disparos cálidos de sombra
que te vuelven a mirar: ¡ayer de lágrimas
que hoy enjugas en blancas sábanas!

miércoles, 25 de mayo de 2016

Anduve en la noche...

                       I

Anduve en la noche equivocado.
Pensaría, yo, que aquel estrépito
era la claridad que venía,
y caminaba por ella alborozado.
Idearía la alondra
un amanecer
en el frescor de tu costado,
y unas rosas empapadas de lozanía
y del rocío de la amanecida.
¡Ay, cómo cantaba la alondra!
    
                   II

Mi jardín perpetrado por manos
de un jardinero irracional,
trozos de él recuerdan pretéritas verduras,
tensas cuerdas de guitarra primaveral.
No es nada. No me pasa nada.
Pero el amor que sabe abrazar
no pasará por mi lánguido jardín.
Perjuraría que no va a pasar.
¡Oh, mi disipado jardín
que fúnebremente ideal
llegó hasta el invierno!,
hoy batido por un viento invernal.

                      III

Junto al mármol, una amapola
te velará en el sueño.
No pidas más. Te recordará,
cada primavera, el beso
breve de la vida.
Trasminará de tu cuerpo
un exceso de amor de la carroña.
Y habrá en el viento
una parte de ti
obcecada y durmiendo.
Y tanto como fuiste
seguirá transgrediendo
la ley severa en cada respiración
de los enamorados,
y estiércol generoso serás,
hospitalario con tu flor leal.

martes, 17 de mayo de 2016

No por su mente...

No por su mente que todo lo viola, no por su delicado rostro tallado por una rosa durante los trabajos de la primera primavera, yo daría mi vida por su espalda, vértigo de las caídas que fueron alguna vez desde sus hombros. Vivimos los tiempos de los costillares benditos de agua y sangre, rotos de las frontales miradas de la cognición y esperando todas las demás frontalidades. Yo amo la espalda de Dios y razono que mi dedo que le apunta puede apuntar también hacia lo que odio. ¡Qué pena que tan grave viento milenariamente caído que la refrescó hállese vuelto loco! No tengo más pena que Dios haya cerrado y concluido su obra en este atardecer triste de espaldas hondas. Atardecer triste de nadas rebosantes. Atardecer de cerraduras y rosas.

sábado, 30 de abril de 2016

Verterás tu cansancio...

Verterás tu cansancio por la punta de los dedos. Hallarás una mañana hecha trizas que te partirá el alma. Y comerás tu mendrugo de las salinas olorosas que en tu costado depositarán un verso. No llores de las cosas del mundo o me dejarás sin alma. No temas a un espejo pues es sólo una pared para sentir tu espalda. Cuánto amares lo hallarás en tu espalda. Cuantas cosas hayas mirado en la Tierra serán parte de ti y disueltas con el aire vivo que calma y que respiras. Tan sólo oye mi voz que viene y huye luego. Como potro en las noches indomables no hallarás la paz hasta que descanses de tu fiebre de plumas, y tu espalda, la que te dio un final para tu cuerpo delante del espejo, quede sobre la nada descansando el verso de tu infancia y un poblado de banalidades. 

domingo, 24 de abril de 2016

Mi sangre ya lo dijo...

Mi sangre ya lo dijo, mis manos ya lo esperaron. Hallé la paz de mi sangre y de mis manos. El camino que nos abrió la salida del laberinto ya fue cubierto. Danza en el aire un olor de jazmines que me abre el pecho. ¿Tienes tú el hambre de desandar un laberinto? Ojos para desear esta noche pretenden mi frente y la manera de morir que yo quiero. En esta noche las gaviotas me picotearán el aliento hasta acabármelo. Pretendo que tú seas el espectador de mi ausencia sin fondo. Ahora que mido mi paz contigo y nos miramos sin complejos para no llorar tanto, hay que llorar y hay que ser soberbios. Amor mío, amor que tuvo una ventana dentro de mi casa, ¿tienes tú el hambre para desandar lo llorado?