Yo quiero el mediodía para concebir mi sombra y una primavera
disparada contra mi frente. No estaré expectante si llega el otoño difunto a
los bosques, y saludaré a las sombras alargadas de los cipreses y a los individuos
vespertinos como a una fuente en que refrescarme. Cuando emigren las aves me
quedaré en pie mirando ideal su horizonte cargado de adioses. Y cuando me
olviden los que me amaron y sea un otoño irreflexivo quien tienda su mano desde
el poniente, trabado a una cintura de mujer, no sabré qué desventura puso en mí
esta lejanía con inexorable límite, y dejaré en mi parque florecido los restos de
la pasión que me arrastró ciclónica en vida mientras yo creía que vagabundeaba
y caminaba, y equivocado daré mis últimos pasos como quien marcha hacia una
rosa desmesurada y fresca.
sábado, 22 de noviembre de 2014
lunes, 3 de noviembre de 2014
Duerme...
Duerme, y el velo la preserva. Calla, y está diciendo adiós. ¡Ay, si
yo entendiera esta noche que nos oscurece y nos muerde! Manoseando las flores
amarillas vamos lentos hacia la muerte. Pensativos, un camino nos lleva
imantados. Vamos… ¡qué sé yo! a una herida en el fondo milenario de un pecho
que erró. En las cumbres, la inmovilidad de los sueños es como un cabello a
punto de quebrarse. ¡Amor que surge riendo y al alba medita oscura!, en breve
traerás en el costado una flor roja, como la vida roja, como la sangre. Ella ha
sobrepasado y saltado la mancha derramada del sueño, y no me la han arrebatado.
sábado, 18 de octubre de 2014
Rosas negras no las quiero...
Rosas negras no las quiero para mí. Enviadme por el aire el agua de vuestros
pensamientos, que alma tienen hasta las piedras pero no las rosas negras. Porque
si me traéis pensamientos y agua, yo os sonreiré. Porque, de esta manera, no tendré
riqueza mayor. Porque un dios opulento (lo sé) pesará pronto el oro de mi alma
que sonríe, y abrirá todas las ventanas y puertas de su casa, y evocará, con el
alma de las cosas que queden fuera y dentro, una rosa blanca.
sábado, 20 de septiembre de 2014
Ha caído el imperio...
Ha caído el imperio que habíamos codiciado. Ahora pienso: ¿Qué me
aguarda? El cielo se nubló de aluviones y negras puntas de flecha. Eran duros los
inviernos aquí. Constantemente la lluvia barría las noches empobreciéndonos. Y
soy yo quien se pregunta ahora: ¿Qué me aguarda? Codiciábamos las espirales de
vapor que cubrían el levante pigmentado. En nuestras manos teníamos la
soberanía que hendió sexos de mujeres morenas. Anduvimos muchos años delirantes
tras la leyenda del rayo silencioso. Y ahora me pregunto: ¿Qué me aguarda? …Y
tememos a nuestra nueva o fronteriza voracidad. Y sabemos de hombres que
murieron acuciosos y conmovidos de su infelicidad.
lunes, 25 de agosto de 2014
Sigo una estrella...
Sigo una estrella que me tira del corazón. Enamorado hago un camino
enigmático por la sombra. Pero a veces me parece que perderé su estela o que mi
estrella será derribada por un disparo de Dios, y mi destino, mutilado de guía,
ya no me hablará de campos espigados que alcanzar donde el horizonte mudamente
te mira con viejos ojos. Mi estrella es casi ínfima en el cosmos, pero palpita
en las noches de verano y observa mi absurdo desconcierto cuando las nubes
cruzan el cielo aborrascado en invierno. Es oscuro seguir un camino que uno no
ha elegido. Y a veces me parece que perderé la guía de su estela en el cielo.
Pero el alma humana es así de grande y caben en ella desde una inmensidad de
dura materia hasta el fracaso declarado en unos ojos diminutos.
martes, 22 de julio de 2014
He nacido para tres veces morir...
He nacido para tres veces morir: la muerte que me mira altísima bajo
las estrellas, la muerte que embriaga en los labios donde se derrama el vino, y
la muerte que desearé porque tenga la paz y llame ofuscación al vivir. No
quiero más muertes para mi corazón necesitado de muertes, ni vida que no
detenga la destrucción de las muertes que no miran altísimas, ni derraman vino
en sus labios, ni tocan la roca que acontece tan real y me excluye del número
de los dudosos.
sábado, 12 de julio de 2014
Yo era hermoso...
Yo era hermoso como una piedra en el dolor. Equivocáranse todos los
hombres bajo una andanada de lluvia, giraran aturdidos menoscabada la gracia de
Dios y pudiera yo tenderme levemente ignorando que caí. Ya no soy yo; otro
rostro artificioso precede al rostro amado, ya no hay sendero incendiado hasta
tu casa, oscuras manos tiendes hacia mí. Jardines soleados miran el poniente, y
crece una súbita maleza vespertina, y el beso es asesinado en la cintura de un
horizonte que ya no iluminará el relámpago. Yo era hermoso como una piedra en
el dolor. El estremecimiento que sentí andando hacia ti brillará un tiempo, y
pasará el candor de la tez mojada hundida entre las sábanas. Y este aliento que
me nace en el canto que ahora vuela a tus ojos, dejará una huella que será pisada,
y habrá un río que la arrastre y habrá una consumación de los tiempos que la
borre. Pero yo sé que no lo creeremos nunca y que vagaremos fantasmales por la
Tierra buscando no sé qué boca que tenga el mismo astro.
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