Equivocada
estuvo en el residuo de vida que dejaba,
por la dicha
filtrada de la Tierra Eterna,
por los
hijos negados al mundo,
por no
entender el habla de las manos que le dieran.
Y el tumulto
se abrió como un secreto
o como un perfume que no descifrara,
la dulce sonrisa
que predicaba el agua nueva.
Y salió a
correr y a esperarla: agua que bajaba
en el
plácido sueño del río que pasaba.
Tendida
estaba en la hierba sin sospechar
que la vida
podía aparecerse de pronto en esta orilla.
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