Yo tengo la
máquina que fabrica estrellas.
Yo soy el
pecho que se rompe de infinitud.
Cuantas
lunas quedaron atrapadas en mis cabellos,
han sido mis
frentes desaparecidas.
El rayo por estelares
caminos, créanme,
es una
colina por donde se desliza una lágrima mía,
vehemente y
sola, sin corazón, sin linaje
en la
inmensidad. ¡Hay tantos rincones que postergo!,
¡tantas
rosas por labrar!, ¡y tantos son los tesoros
sin profanar!,
que necesitaré conciliar el sueño.
Algún día
soñaré que he caído atrapado en un agujero.
Entonces, en
la brisa de mi inconsciencia,
seré
adorador suyo… y me postraré… y abrigaré paz…
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