martes, 18 de febrero de 2014

Yo tengo la máquina...

Yo tengo la máquina que fabrica estrellas.
Yo soy el pecho que se rompe de infinitud.
Cuantas lunas quedaron atrapadas en mis cabellos,
han sido mis frentes desaparecidas.
El rayo por estelares caminos, créanme,
es una colina por donde se desliza una lágrima mía,
vehemente y sola, sin corazón, sin linaje
en la inmensidad. ¡Hay tantos rincones que postergo!,
¡tantas rosas por labrar!, ¡y tantos son los tesoros
sin profanar!, que necesitaré conciliar el sueño.
Algún día soñaré que he caído atrapado en un agujero.
Entonces, en la brisa de mi inconsciencia,
seré adorador suyo… y me postraré… y abrigaré paz…

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