jueves, 13 de febrero de 2014

No sé decir...

No sé decir casa ni camino.
No sé decir ni viento ni calor.
Porque mi garganta se secó
junto a un venero de agua,
veréis que sé pedir poco para mi corazón.
Nunca terminan de llover los lirios
que tanto cansan mi imaginación,
la que nunca me invita
a abrir los ojos y a ver brillar el sol.
Para mayor pena, estoy a punto
de olvidar quién inventó
tu boca sin palabras, taciturna,
y, frente a la divinidad, declaración.
Es triste acaecer así, como una turbación,
la primera, el lapso de la simiente.

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