Adiós te dije con una rosa blanca
en la mañana de la primavera que bostezaba.
Risas llegaban remotamente
que me abrieron el pecho como explosionadas.
Y no quise llorar el raro caos que surgía,
y no quise cerrarte los ojos que me hechizaban
de un canto sereno de lluvia y de otoño.
Incomprensiblemente, yo, con mi rosa blanca,
en el final del invierno,
mirando tu esfinge desentrañada,
no pude entender del mundo su gran carcajada.
...Y me fui, sonriéndole enigmáticamente,
con mi rosa blanca, a la mañana de primavera azulada.
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