Mareado de un azul muy luminoso,
desorientado y caído,
mi pena no tiene aguas turbias
donde descansar con la flor irracional.
No hay monedas que malgastar
en los brazos y en el cielo de la frente tuya.
Voy por barrancos mezquinamente caído,
mareado de un azul muy luminoso,
y preguntándome por cosas remotas
que caen como una dulce mirada,
rodando por tus mejillas enigmáticas...
¡Dios mío! ¿Por qué me vas a abandonar?
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