Cuando desciende una paloma, presiento un destino de cuchillos. A lo
lejos, yerran serpientes insomnes, incesantes hacia mí. No corren, no llegan,
pero mi frente se llena de sueños como piedras futuras hiriéndome. No
comprendería nunca por qué la tristeza es el crepúsculo y la dureza del hierro,
mi gloria amurallada. Dulce es el amor que recibe esta fiebre de mi onda
expansiva. La paloma que se ha posado es más que mi brazo extendido y mi mano
que pide una moneda de adioses. La paloma que levanta el vuelo es sólo una
confusión de azules. Cantando, tarareando la canción que me llevará a casa, oigo
no sé qué jardinero quemando la hierba, el ruborizado mal que se exhibe como
una flor bella o la mejilla de mi amante.
martes, 6 de mayo de 2014
miércoles, 30 de abril de 2014
La mujer que yo vi...
La mujer que yo vi, iba enseñando sus manos feas. Nadie querría casarse con ella teniendo unas manos tan feas. Las abría, las cerraba, y parecía
quejarse el aire donde habían estado en suspensión. Yo las vi y fueron como un
golpe rojizo contra mis mejillas. ¡Qué sola y qué amarga vida de soltera! Con
sus manos podría haber hecho una mordaza para pisar todas las bocas de los
hombres. Pero ella se dejaba. Sus manos, sus manos feas. ¡Qué sola y qué amarga
vida de soltera!
-¡Niña! ¿Alguien posó en tus manos las suyas?
-Sólo mi mano izquierda en la derecha, señor.
Me conformo.
martes, 29 de abril de 2014
Vengo de unos ojos que ardieron...
Vengo de unos ojos que ardieron en la inocencia. Como a ti me
estremecen los labios y el mundo cuando despliega su misterio azul y sanguinolento.
Amargamente observo mi cara en el espejo avanzando. Sé que tengo que morir y sé
que reconoceré la hora. Flores saltan de mi pecho poniendo obstáculos a la
tristeza. Pero yo, que amé tanto la llama que me encendieron y me asignó el
tamaño del dolor de la espada, tan calladamente hundiéndose en mí, a veces
siento que mi alma pasó lejos y liberada, igual que el amor que como un beso
dulce entregué a los dientes de la muerte.
domingo, 13 de abril de 2014
Yo no sé dónde...
Yo no sé dónde se han escondido las mañanas. Porque mi noche es
grande y hace frío, he venido tras el olor de la luna a deshojar esta flor infundida
de tan poca de luz. Pero no sabría decirte. Yo no sé dónde se han escondido las mañanas. Fueron vivas fuentes de claridad y se extinguieron. Como yo
la luna las olvida ahora. Deshojando una flor blanca pierdo la clemencia igual
que si cortara arena. Yo no sé dónde se han escondido las mañanas. Se
apagó su grito de lealtad. Perecieron o sin dificultad las asesinaron una por
una. Quiso el hombre, aquí, hacer algo parecido a un infierno.
martes, 8 de abril de 2014
Está mi corazón latiendo...
Está mi corazón latiendo en una noche de estrellas distorsionadas. Descanso
la vista en lo descomunal y no sé qué trastorno de la bóveda las vuelve
dichosas, mientras yo canto una historia de amor triste. El alma se deja caer.
El corazón salta del torso. Mis ojos se cargan de lágrimas. Y no hay adhesión,
abajo o arriba, que me acompañe. No estarán solas las avecillas del amanecer.
Habrá otros mundos iluminados por un sol en el levante. Soñará la fuente seca con
niños que beben y juegan en ella. Pero aquí un hombre repetirá su canción
triste y soportará esta alegría inmensa que no cesa de caer empapando al mundo.
¿Quién obtendrá las fuerzas que resistan el empuje de esta embriaguez? ¿Sabrá
alguien de este rincón oculto en lo ilimitado donde un hombre se rebela para
llorar a solas? ¿Será que ya no tiene alma? ¡No habrá secreto mayor ni mejor
guardado!
viernes, 28 de marzo de 2014
Está latiendo mi corazón...
Está latiendo mi corazón dichoso. La hermosura a mí alrededor me conmueve.
La calles de mi ciudad desfallecen en la lejanía de una imposibilidad de continuar agradándome con alas, con el vino que
las sumerge en la somnolencia, con el sol de la tarde. No me canso de
contemplar la agonía de sus despoblados itinerarios. Arde en mí un fuego de
extensiones rotas por la soledad. Vibra un violín. Mientras, una viuda en su
dormitorio se coge a su sexo. ¿Es esto un cementerio de muertos olvidados? ¿No
saben todos los hombres que la felicidad ha cruzado presurosa por aquí? Una
joven dice adiós con la mano y vuelve a correr los visillos. No hay nadie allá
fuera, y por eso la mano que dice adiós tiene la brusquedad de una canción de
amor interrumpida. Y aparecen espejismos de muchos adioses. Y parece que la
ciudad entera quiere llenarse de adioses.
jueves, 27 de marzo de 2014
No me acostumbro...
No me acostumbro a los árboles, al levante con sol, al cuarto de
dormir. Todo es inaudito. Mis gratos recuerdos los han cambiado. La infancia no
es mi infancia. Parece no mía o la de otro que vendió su testa. Vuelvo la vista
atrás sabiendo que encontraré más soledad que en este poderoso presente. La
infancia huele a axila. Es una obesa sudando que tuviera que besar. Molesta
volver la vista y encontrar a un niño que no sabe nada de este llanto que
incomprensiblemente almacenamos. En las postrimerías vendemos barato nuestro
caudal de recuerdos sentados al sol, hablando solos en un banco, y, al anochecer,
sólo las prostitutas nos reconocen como competidores en besar con asco y
generarlo. Vendrá la muerte un día jodiendo el rayito de sol en la cabeza, tan
incomprensible, tan admirada de nuestra mansedumbre abriéndole los brazos, que
se pensará que no hemos puesto todo el corazón en cada acto de vivir, en tratar
de comprender nuestra idiota historia en el mundo. Y el amor con que hemos
amado nuestro único tesoro que nos lo arrebatan y que nos ajustician.
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