Mi
ángel gira bajo la lluvia. Fuera de sí y empapado, mi ángel se tiende en el
barro. Maculado, el pobre se cree tan impuro como un ángel malo. Mi ángel es
algo holgazán cuando llueve y me deja desatendido. Quisiera, yo, prenderlo y
atarlo, pero él sólo es niebla y luz para su albedrío. El tercer pecado que
cometa en este día tan mágico de lluvia protestaré a los cielos. Digo yo que
tendrá su sanción.
miércoles, 18 de febrero de 2015
jueves, 12 de febrero de 2015
Mírame alto...
Mírame
alto en mi gloria de vivir. Mírame alto también cuando las vaguedades quieran
velarme este goce y me expongan a la intemperie de la muerte. El sol está
brillando, el sol es una madre. Porque ella busca la equidad entre todos sus
hijos, pierdo mi mejor tiempo escribiendo poesías. No, no me granjearé la luz
escribiendo. ¡La muerte (lo otro que el sol) siempre cercana, siempre
concurrente en todos los momentos de la vida! Las madres que equitativamente
aman a sus hijos y desdeñan lo fluctuoso, acaso volverán su rostro hacia arriba,
al sol que nos deslumbra. A la gloria de vivir también, que es una cosa sola.
domingo, 8 de febrero de 2015
Fue por primavera...
Fue por primavera,
cuando estrambóticas flores conquistaban los parques y un tibio sol meditaba en
el cielo arrojándonos sus abstracciones. Aquel día supuse que habría algo
unánime y bello para mí en el horizonte, donde los delirios de un don Juan
trasnochado y senil dirigiera sus pasos, lleno de amaneceres rimbombantes y
bulliciosos de objetos como las ciudades en navidad. Tan alegre y
obstinadamente me equivoqué del día que mi corazón perfumaba, y a tan temprana
hora me puse en camino, que llegué a mi destino cansado de no mirarme el alma,
que no gozó del rocío que la bañaba y de
los luceros que se romperían al alba …El cansancio de soñador que opina que
nada tiene de valioso un camino que no deja estelas como los caminos que tiene
la mar.
lunes, 2 de febrero de 2015
Estoy viviendo...
Estoy viviendo si permito
que me canséis el corazón. Poemas que maltratan, poemas que oxigenan, poemas que
hienden las cosas. No hay camino que lleve hasta el espíritu agotado que esta
manera de sembrar en el viento. Más allá de mi morada, la poesía se tiende en
el horizonte ungido. Y aunque sé que todo fue milenariamente rasgado por las
espadas, yo he dejado en ella un tramo de mi vida. El velo de mi templo se ha agrietado
en dos partes. Ayer o anteayer comenzó la simpleza de vivir acompañado de verbos
que profundamente laceraban la piel. Y
sé que muchos vocablos se han deteriorado por un castigo impío. El tiempo se
precipita rápidamente. Ayer o anteayer observé mis flores retoñar. Mi alegría
no me ha permitido percibir otra cosa que a ellas.
viernes, 2 de enero de 2015
Acaríciame las mejillas...
Acaríciame las mejillas como a una novia, padre sol, demórate en mi
rostro cuando me vacíe de credulidades y beba yo de tu secreto renovada la
quimera que me instiga. Que en mi fragilidad esté siempre el corazón sencillo
que parte el pan cotidianamente. Y hazme alma de tu mirada evidente y haz razonamiento
descalzo de mi pobreza. Que confundido ore arrodillado aquí abajo sin
despreciarte, yo que siempre había dormido mientras excitabas mi frente y
repudiaba tu mensaje extensísimo; padre sol que destapas el secreto de la vida para
oscurecernos la sabiduría.
domingo, 28 de diciembre de 2014
Hasta el vientre manantial...
Hasta el vientre manantial, hasta el beso cerrado de la vida. Llego
cuando el horizonte me colma de luminosos ojos claros la llegada. Por mi vereda,
que es sencilla, que es el alma de un pájaro que no huye de los inviernos y es acariciado
por el sol gravemente caído hacia el sur. Veréis la ofuscación que me ciñe y
más abajo el mar que siempre he temido. No sé… Traigo una herida en el pecho y
voy sangrando en medio de esta preciosa tempestad que me agita. La tensión de
mi arco, considerarla porque sobrevivirá a mí. En el viento dejo una mirada
excesiva cual látigo. Veréis que he estado siempre entre vosotros. Veréis que
se pueden leer mis ojos en todos los ojos. Y veréis en ellos que la raza humana
engendra a sus hijos para la tempestad y la iracunda inmortalidad.
lunes, 1 de diciembre de 2014
Ayer soñé...
Ayer soñé que estaba amando. Era de noche y brillaba mi cuerpo enfermo
de luna en lo oscuro. ¡Cosas del adormecido! Cuando llegó la mañana, estaba
muerto mi sueño y yo seguía soñando, ya despierto de mi sueño de rosas rojas,
con un temblor en los labios del crimen de mi sueño enterrado. ¡Amores que el
vapor de la noche arrastra cual gotitas de un manantial de no se sabe dónde
brotado! ¡Agua de lágrimas que no desembocan en el mar!
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