jueves, 8 de diciembre de 2016

Me empuja...


Me empuja un trazo de la mujer
como una calavera me empuja
a seguir viviendo. Doblemente
fanática tira de mí y me circunda,
y se compadece de mi traje de hombre.

…Y escribo doblemente muerto
la línea que ha inventado
la carne edificada sobre los huesos
hacia su centro imantados.

Todavía recuerdo carnales
mis primeros labios.
¡Que sutilmente mi muerte
ha ido inventando la vida
en aquel cobarde primer beso!...

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Mi belleza...


Mi belleza quiere tener las palabras
de un acordeón llorando
que en su respiración para él desertan
los huesos y la manera de soñar de los sueños.

A la segunda respiración del fuego
ya extrañas un vértigo un traslado,
pero el acordeón llena de aire lo lleno
y encolerizas esperando el almíbar mojado.

En un despertar mutilado, los rostros
y el acordeón te mirarán sin verte.
¡Tienen tantas respiraciones su amor!
¡Es tanta la pena que tiene de hablarte!

Pensar en lo bueno de las noches malas:
febriles descienden las prostitutas
a ver si ha callado el llanto y obran.
París equivalente a un rosal se masturba.

martes, 6 de diciembre de 2016

Yo me quiero desenredar...


Yo me quiero desenredar del misterio
de un hombre que camina
y oye otros pasos por el sendero
que igual que él meditan en la noche en cinta.

Mira qué valiente se adentra en el cansancio
de los ojos en sus cuencas que se cruzan.
Vienen de lejos para mirarse adentro
donde el vocerío de las almas tiene cura.

El ritmo que tiene la muerte en su mirada
te ensucia la dicha de pasar
cuando un hombre al que le busca su celada
le declara el sueño suyo en el llegar.

Ojos más malditos cuánto más alma exhalan
y cuánto más nos bailan con el ritmo
de una costa de gaviotas que enloquecidas graznan
y del optado sendero cercenado por el abismo.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Estrellas que perfuman el infinito...


Estrellas que perfuman el infinito
extraigo yo de mi pecho
para tu pasión de dolor y de luto
y el paroxismo de tu lecho.

El varón que luchaba contigo
sobre el suelo de hierba
en tus entrañas hiló un vástago
triste de sombra eterna.

Hoy, al mirar el cielo cuajado
te preguntas cómo son las noches,
lejos, en el horizonte del cielo,
si tienen luna o tienen también sangre.

Oh, firmamentos del sentimiento
que retumba por dentro a las mujeres,
¡cuántas veces hay que enterrar a tus hijos
para que os resignéis a que no duermen!

domingo, 4 de diciembre de 2016

Hay una fuente...


Hay una fuente en el corazón
con explosiones de agua
y doce ventilados estornudos
que sudan dicha en la boca.

Mi corazón yo se lo entrego a la noche
a cambio de que me fusilen
con estrellas nacaradas.

Mi boca es para los labios de mi novia
que se entierran en la nevada
y se desentierran con hambre
de almizcles flotando en el agua.

Mi fuente del corazón se ha derrumbado
en un repentino hedor de charca:
Oí en una canción tu mirada postrimera.

Fue que se abrió una anochecida
en la plenitud de la mañana
y el reloj de cuarzo se infectó
de números desparramados.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Sobre los hechos...




Sobre los hechos de que una niña y una rata
se disputaran un taquito de queso en la basura
de una de las ciudades más pobres de la Tierra,
no me cabe la duda de que son fidedignos,
porque los refirió un hombre bueno
que, aunque pudo no haber asistido nunca,
la verosimilitud y el fin de concienciar
hacía lícita inclusive una narración tan dramática.
Cabe preguntarse cómo pudo Dios dejar solos
a aquellos niños hambrientos.
Pero la demagogia ha puesto un hilillo
entre mis labios de babilla escurriéndose,
y casi me he caído de culo
mientras me balanceaba en la silla.
Los niños aquellos se encontraban rodeados de personas,
acaso de una de las ciudades más bulliciosas del mundo.
Yo sé que quien arrima la cesta de las limosnas al crucifijo
en realidad pide magia,
o es que quiere desentenderse
de la irritante conciencia suya.
Me parece entender ya por qué clase de tergiversación
el hombre moderno recurre tanto a la conciencia de Dios
en vez de a la suya propia.
Y es que creo, no que no la tiene, sino que tiene
conciencia en desmesura,
con tan fuertes gritos angustiados, y tan impertinentes,
que nos llevan al odio hacia nosotros mismos.
Y nos llevan, asimismo, al pesimismo de que seres tan oscuros
puedan arreglar algo en el mundo.
Dios lo podría arreglar pues
para Dios no hay nada imposible, pero estaría
haciendo un daño no menor a la multitudes
que ven estas cosas y nada hacen,
y la indigencia moral en que incurriríamos sería tal
que convertiría la Tierra en un planeta acaso más inhabitable
aún. En cuanto a la magia,
ella podría condenarnos a un estado de infantilidad
para la eternidad en un cielo
que acaso vendría a ser desolado como a punto lo ha estado
la Tierra,
entre corazones tan duros.
¿Queréis magia también que ablande el corazón del hombre?
Pues pedirle eso que eso es lo estamos llamando rezar 
desde siempre. Él lo quiere y está haciendo.



············································································



Yo no creo que sea bueno que el tema de Dios se convierta en
un tema de moda. En algunos sitios como las iglesias el tema
es atravesado por un dejo algo cansino cuya procedencia 
desconozco. Se me ha ocurrido hablar de Dios por 
improcedencia y también un poco por impudor. Hablar de Dios 
es arriesgarse al enemigo y a la tontería. Por eso he dejado 
cierta holgura entre las ideas donde cabe pensar lo distinto. 
“Lo distinto”, que puede ser mi pensamiento dentro 
de un par de días o dentro de un par de horas.


martes, 29 de noviembre de 2016

El toro...


El toro que empuja contra la vida
ha perdido la noción del tiempo prodigado
y ahora es un rayo misterioso
que no puede cesar y de arder,
como una nostalgia que es lanzada al infinito.
Es un dolor bueno, es una mancha azucarada
cuanto de mí sé.
También sé que no te necesito.
Caminan como osos las plantas de mis pies,
incesantes.
¿Sabes, buen Padre? Ahora soy el hijo
que un día saltó de la imaginación de tu vehemencia eterna.
Y con este dolor bueno, sobre este mundo
que ardería de amor por ti
si no fueras un error matemáticamente,
me gusta conjeturar que sales a comprar el pan,
y es lindo imaginar tu calderilla acabándose sin zozobras,
porque no nos necesitamos,
y sabes que cuando me hagas falta
será sólo que estoy falto de cerillas
para mi rayo adentrado en el infinito.