Estrellas que perfuman
el infinito
extraigo yo de mi pecho
para tu pasión de dolor
y de luto
y el paroxismo de tu
lecho.
El varón que luchaba
contigo
sobre el suelo de
hierba
en tus entrañas hiló un
vástago
triste de sombra
eterna.
Hoy, al mirar el cielo cuajado
te preguntas cómo son las
noches,
lejos, en el horizonte
del cielo,
si tienen luna o tienen
también sangre.
Oh, firmamentos del sentimiento
que retumba por dentro
a las mujeres,
¡cuántas veces hay que enterrar a tus hijos
para que os resignéis a que no duermen!
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