martes, 29 de noviembre de 2016

El toro...


El toro que empuja contra la vida
ha perdido la noción del tiempo prodigado
y ahora es un rayo misterioso
que no puede cesar y de arder,
como una nostalgia que es lanzada al infinito.
Es un dolor bueno, es una mancha azucarada
cuanto de mí sé.
También sé que no te necesito.
Caminan como osos las plantas de mis pies,
incesantes.
¿Sabes, buen Padre? Ahora soy el hijo
que un día saltó de la imaginación de tu vehemencia eterna.
Y con este dolor bueno, sobre este mundo
que ardería de amor por ti
si no fueras un error matemáticamente,
me gusta conjeturar que sales a comprar el pan,
y es lindo imaginar tu calderilla acabándose sin zozobras,
porque no nos necesitamos,
y sabes que cuando me hagas falta
será sólo que estoy falto de cerillas
para mi rayo adentrado en el infinito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario