Yo me quiero desenredar
del misterio
de un hombre que camina
y oye otros pasos por
el sendero
que igual que él meditan
en la noche en cinta.
Mira qué valiente se
adentra en el cansancio
de los ojos en sus
cuencas que se cruzan.
Vienen de lejos para
mirarse adentro
donde el vocerío de las
almas tiene cura.
El ritmo que tiene la
muerte en su mirada
te ensucia la dicha de
pasar
cuando un hombre al que
le busca su celada
le declara el sueño suyo
en el llegar.
Ojos más malditos cuánto
más alma exhalan
y cuánto más nos bailan
con el ritmo
de una costa de gaviotas
que enloquecidas graznan
y del optado sendero
cercenado por el abismo.
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