Sobre los hechos de que
una niña y una rata
se disputaran un
taquito de queso en la basura
de una de las ciudades
más pobres de la Tierra,
no me cabe la duda de
que son fidedignos,
porque los refirió un
hombre bueno
que, aunque pudo no
haber asistido nunca,
la verosimilitud y el
fin de concienciar
hacía lícita inclusive una
narración tan dramática.
Cabe preguntarse cómo
pudo Dios dejar solos
a aquellos niños
hambrientos.
Pero la demagogia ha
puesto un hilillo
entre mis labios de babilla
escurriéndose,
y casi me he caído de
culo
mientras me balanceaba
en la silla.
Los niños aquellos se
encontraban rodeados de personas,
acaso de una de las
ciudades más bulliciosas del mundo.
Yo sé que quien arrima la
cesta de las limosnas al crucifijo
en realidad pide magia,
o es que quiere
desentenderse
de la irritante
conciencia suya.
Me parece entender ya
por qué clase de tergiversación
el hombre moderno recurre
tanto a la conciencia de Dios
en vez de a la suya
propia.
Y es que creo, no que
no la tiene, sino que tiene
conciencia en
desmesura,
con tan fuertes gritos
angustiados, y tan impertinentes,
que nos llevan al odio
hacia nosotros mismos.
Y nos llevan, asimismo,
al pesimismo de que seres tan oscuros
puedan arreglar algo en
el mundo.
Dios lo podría arreglar
pues
para Dios no hay nada
imposible, pero estaría
haciendo un daño no
menor a la multitudes
que ven estas cosas y
nada hacen,
y la indigencia moral
en que incurriríamos sería tal
que convertiría la
Tierra en un planeta acaso más inhabitable
aún. En cuanto a la
magia,
ella podría condenarnos
a un estado de infantilidad
para la eternidad en un
cielo
que acaso vendría a ser
desolado como a punto lo ha estado
la Tierra,
entre corazones tan
duros.
¿Queréis magia también
que ablande el corazón del hombre?
Pues pedirle eso que
eso es lo estamos llamando rezar
desde siempre. Él lo quiere y está haciendo.
desde siempre. Él lo quiere y está haciendo.
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Yo no creo que sea bueno que el tema de Dios se convierta en
un tema de moda. En algunos sitios como las iglesias el tema
es atravesado por un dejo algo cansino cuya procedencia
desconozco. Se me ha ocurrido hablar de Dios por
improcedencia y también un poco por impudor. Hablar de Dios
es arriesgarse al enemigo y a la tontería. Por eso he dejado
cierta holgura entre las ideas donde cabe pensar lo distinto.
“Lo distinto”, que puede ser mi pensamiento dentro
de un par de días o dentro de un par de horas.
improcedencia y también un poco por impudor. Hablar de Dios
es arriesgarse al enemigo y a la tontería. Por eso he dejado
cierta holgura entre las ideas donde cabe pensar lo distinto.
“Lo distinto”, que puede ser mi pensamiento dentro
de un par de días o dentro de un par de horas.
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