Hay una fuente en el
corazón
con explosiones de agua
y doce ventilados
estornudos
que sudan dicha en la
boca.
Mi corazón yo se lo entrego
a la noche
a cambio de que me fusilen
con estrellas nacaradas.
Mi boca es para los
labios de mi novia
que se entierran en la
nevada
y se desentierran con
hambre
de almizcles flotando
en el agua.
Mi fuente del corazón
se ha derrumbado
en un repentino hedor de
charca:
Oí en una canción tu
mirada postrimera.
Fue que se abrió una anochecida
en la plenitud de la mañana
y el reloj de cuarzo se
infectó
de números desparramados.
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