Ha caído el imperio que habíamos codiciado. Ahora pienso: ¿Qué me
aguarda? El cielo se nubló de aluviones y negras puntas de flecha. Eran duros los
inviernos aquí. Constantemente la lluvia barría las noches empobreciéndonos. Y
soy yo quien se pregunta ahora: ¿Qué me aguarda? Codiciábamos las espirales de
vapor que cubrían el levante pigmentado. En nuestras manos teníamos la
soberanía que hendió sexos de mujeres morenas. Anduvimos muchos años delirantes
tras la leyenda del rayo silencioso. Y ahora me pregunto: ¿Qué me aguarda? …Y
tememos a nuestra nueva o fronteriza voracidad. Y sabemos de hombres que
murieron acuciosos y conmovidos de su infelicidad.
sábado, 20 de septiembre de 2014
lunes, 25 de agosto de 2014
Sigo una estrella...
Sigo una estrella que me tira del corazón. Enamorado hago un camino
enigmático por la sombra. Pero a veces me parece que perderé su estela o que mi
estrella será derribada por un disparo de Dios, y mi destino, mutilado de guía,
ya no me hablará de campos espigados que alcanzar donde el horizonte mudamente
te mira con viejos ojos. Mi estrella es casi ínfima en el cosmos, pero palpita
en las noches de verano y observa mi absurdo desconcierto cuando las nubes
cruzan el cielo aborrascado en invierno. Es oscuro seguir un camino que uno no
ha elegido. Y a veces me parece que perderé la guía de su estela en el cielo.
Pero el alma humana es así de grande y caben en ella desde una inmensidad de
dura materia hasta el fracaso declarado en unos ojos diminutos.
martes, 22 de julio de 2014
He nacido para tres veces morir...
He nacido para tres veces morir: la muerte que me mira altísima bajo
las estrellas, la muerte que embriaga en los labios donde se derrama el vino, y
la muerte que desearé porque tenga la paz y llame ofuscación al vivir. No
quiero más muertes para mi corazón necesitado de muertes, ni vida que no
detenga la destrucción de las muertes que no miran altísimas, ni derraman vino
en sus labios, ni tocan la roca que acontece tan real y me excluye del número
de los dudosos.
sábado, 12 de julio de 2014
Yo era hermoso...
Yo era hermoso como una piedra en el dolor. Equivocáranse todos los
hombres bajo una andanada de lluvia, giraran aturdidos menoscabada la gracia de
Dios y pudiera yo tenderme levemente ignorando que caí. Ya no soy yo; otro
rostro artificioso precede al rostro amado, ya no hay sendero incendiado hasta
tu casa, oscuras manos tiendes hacia mí. Jardines soleados miran el poniente, y
crece una súbita maleza vespertina, y el beso es asesinado en la cintura de un
horizonte que ya no iluminará el relámpago. Yo era hermoso como una piedra en
el dolor. El estremecimiento que sentí andando hacia ti brillará un tiempo, y
pasará el candor de la tez mojada hundida entre las sábanas. Y este aliento que
me nace en el canto que ahora vuela a tus ojos, dejará una huella que será pisada,
y habrá un río que la arrastre y habrá una consumación de los tiempos que la
borre. Pero yo sé que no lo creeremos nunca y que vagaremos fantasmales por la
Tierra buscando no sé qué boca que tenga el mismo astro.
lunes, 7 de julio de 2014
Este es mi jardín...
Este es mi jardín donde me dejo lastimar por las rosas. Una multitud
de ellas vienen rodando, lejos, hechizando la vereda de una amenaza de morir.
Todas las rosas del mundo llegan a este cementerio maravilloso de suicidas
donde abril sueña como nadie sueña. Amada mía, las rosas que yo he visto usan de
cuchillas que rasgan la piel. ¿Podrías imaginarte algo más bello? Toda mi sangre
y todos los perfumes. Todos mis dedos tocando la muerte, esa muerte mustia que
da en pensar con las cosas breves. Yo tendido ya sin sangre, ellas aguardando
al espíritu de abril para regresar de nuevo.
domingo, 29 de junio de 2014
Es la noche...
¡Es la noche tan perseguidora de genitales…! Se abre tanto el rayo que
mora en el pecho con dulces músculos sepultados, que se piensa en un alba
rayada por los venenos, cuando en el aire lunado ponemos el puño, y en la
astillada madera de una mejilla vieja, la sombra de un poderoso frío, …y ese
cielo levantado que nos va dejando solos.
jueves, 26 de junio de 2014
Caballo interminable...
Caballo interminable. Doble temblor relincha en lo oscuro. Agrios golpes
de cascos precipitados hacia la arena caliente. Y la infiel, de negra tez,
abierta como un pan repartido, no retrocede ni niega. Fluyó inmediatamente el
milenario amor que disemina la lluvia que percute, la lluvia que se va hacia
los cabellos y a la cintura, que conoce toda víspera de muerte y la paz
temblando junto al fuego.
-¡Mi cintura mojada! -repetiría
ella después en el lecho honorable entre cóleras que se iban abultando-. ¡Mi
cintura y mis cabellos mojados! ¡Tú, mi asesino! ¡Tú, mi adorador! Qué lluvia
no se mezclara con la sangre.
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