lunes, 18 de julio de 2016

Un camino íntimo...


Un camino íntimo y viejo
vio a mi alma desnuda
escalando hasta las puntiagudas
piedras de la cima
que su entrecejo piloso
hunden casi en la luz divina.
Al llegar, le dije al buen Dios:
Mi alma erigida con lágrimas
es la que viene a encontrarse con Vos.
Vi una humareda en la cima
y formé la imagen eterna de mi Dios.
Una humareda, sólo una humareda.
¡Mi alma erigida con lágrimas
y Vos una humareda!
Es cuanto sé de vuestra esencia eterna.
Me dijo el buen Dios:
Cada piedra de tu alma, con lágrimas
mías vertidas, yo las formé
en el origen de los tiempos.
Nadie sabe tanto de mí
como éste que ve mi verdadero rostro
de sollozos y lamentos.
Entonces, un pájaro voló entre los dos
y yo soñé su sueño de muerte
inminente.

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