Cuando quiero sentirme
triste
me vuelvo contra el
océano.
La mirada dentro de los
párpados alicaídos
desciende hasta el
horizonte para dormir
un sueño que baja por
mis pies descalzos.
Todo rima como la
confluencia
de dos almas distantes
que se querellaron.
Todo es flujo de
sombras que pasan por la mirada
mientras el hombre encuentra
una paz
que ha bajado y se ha
desinteresado
de la feroz alegría de
las entrañas equitativamente
al sol expuestas para sonreír
a la luz.
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