martes, 18 de octubre de 2016

Tiempo de retorno...


Tiempo de retorno a los antiguos paisajes,
a las formas juveniles que dieron paz
a mi espíritu y consciencia a los hombres buenos.
Cual mendigo vengo hoy a pedir
de los sueños que me enfrentaron a mí mismo.
Desnaturalizadas manos de humos
con el índice me señalan el Norte anclado en la memoria,
y al borracho entregan el vino azucarado
y al soñador el hondo pozo abierto.
Heridas quebrantaron un tiempo la carga
de haber contemplado el mar demasiado tarde.
Un despertar lo fija (equivocadamente)
la clara mañana en que vi tus ojos de niña,
absortos o amenorados en la ribera plateada.
No trajo más el mar rotundo.
El invierno maduró y perseveró con las lluvias
que hoy padecen todos los ojos de mujer.
El mar como un surtidor de cielo.
Los sueños en que me contemplan unos ojos de niña.
Todo juega a equivocarse y confundirse,
y del pasado sólo queda un resplandor
que nos inmoviliza.

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