Vocablos ocupados de un
despertar
lleno de cosas llenas.
Por la cintura llueve
una pesadilla
de ociosos
que en breve será la
lámpara
encendida de mi vigilia.
Vocablos bravos que, a
veces, prorrumpen.
El último estertor de los
amantes
vértebra a vértebra
edificados para saciarse.
Si llorar fuese un
suceso,
llorarían, de veras.
Pero la manta de este
océano estruendoso
que no quita el frío,
la peripecia de dormir
tristes,
que no berrearemos de
viejos,
este agua para soñar
saciados
que no entenderemos.
Todo es tan irreal
sobre la acera
que pasa por nuestra
casa,
hundida en el sol del
mediodía,
sin las voces, sin sucesos
que brinquen.
Tal vez una palabra en
el suelo, tirada, espera.
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