¿Qué buena soledad me
das a probar
en mitad de esta bóveda
inmensa?
Se desploma el aliento
nocturno,
se despilfarran las
estrellas innumerables
y todo bastardamente
fluye lejano.
Pero tú vienes a mí rebosante
de muerte,
a esta noche de abandonos,
de fríos estallados,
con tu capricho de difunto
que agrava el llanto constelado.
¿Qué le voy a referir a
mi Dios bendito?
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