martes, 4 de octubre de 2016

¿Qué buena soledad...


¿Qué buena soledad me das a probar
en mitad de esta bóveda inmensa?
Se desploma el aliento nocturno,
se despilfarran las estrellas innumerables
y todo bastardamente fluye lejano.
Pero tú vienes a mí rebosante de muerte,
a esta noche de abandonos, de fríos estallados,
con tu capricho de difunto
que agrava el llanto constelado.
¿Qué le voy a referir a mi Dios bendito?

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