viernes, 18 de noviembre de 2016

Color...


Color de una sentimental despedida
que la boca engulle, y depone,
como animal o dios, sobre trigales en cinta,
que azotan la palabra interminablemente,
y, cual encima de la roca, un vómito la bañara
del dolor perfecto. Adiós, decimos.
¿Qué se ha roto, pues? ¿Se queda sola la vida?
Adiós, y diríase que los brazos que el fuego
licúa no han llorado nunca de esta manera,
y que el color del ocaso
nunca fue tan vespertinamente llamado
sombra.

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