He tendido en tus
párpados la espera
y una extrañeza de
tuerca que lame el mar,
pero el bien que me
golpea el pecho
no tiene racimo donde
beber la vid temblorosa,
y llama a los sexos con
voces
extraviadas en la noche
que retumba lejos.
Antes mucho anduve como
chispo y rencilloso.
Arribe en caminos que
me tostaron
con sus aires fríos y
buenos,
y con mi boca bebí la
luminosidad,
y con mi hambre
escancié entre amigos,
del amor, su oronda
mujerzuela.
Hoy, al volver y
encontrar mi casa encendida,
he sentido al mundo intercambiándose
sonrisas,
porque una foto
envuelta en papel de navidad
dinamita ponía a los
recuerdos,
esos que huyen como
hijos ciegos de las manos
del padre borracho y furioso,
y un trastorno de navidad
y primavera
removía los cauces
sonoros de mis venas,
y una desorientación de
la cueva de Dios
lo encontraba demorado junto
al fuego de mi casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario