En lo excavado y hondo
y corrompido
había cristales rajados
de un alma que fue más
que eso,
sintiendo la herida de
la vertical espada
como sueño que es sueño
por viajero y por confuso,
proveyendo de un
paisaje de quirófanos y lubricidad
de estremecidos muslos
de mujer.
Y se peinaba en las
manos que daban voces
de hambre y de eco en
los valles precipitados.
Llorar, andar, en un
sueño oscuro ¡qué pena!
Volcar del manantial de
un hueco ¡qué lástima!
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