Las huellas que
esparciste
en esta casa de dolores,
retornarán ebrias de
vida
con las risas que el
mar profundo les arrebató.
Y nos hallarán
escondidos estratégicamente
para cerrarles la
vuelta,
en una casa de
bienaventuranzas
que formaremos insistiendo
a la alegría.
Tú serás quien
despierte a una estrella cruzando el firmamento,
y tendremos una misma
luz
que abrace nuestro
respecto a nuestros destinos.
El mío que fue siempre
ser un ángel
y el tuyo en el que
comprendí cuántas tinieblas
pueden tratar de modificar
el amor de un hombre
por una mujer.
Como sé que cuando
vuelva a verte
te hallaré en el salón
con mamá bailando,
dejo el tocadiscos
encendido.
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