Lentitud que la lluvia
abisma
contra los rotos
harapos del mendigo,
y sobre la cena
opulenta,
y sobre los aires
bellísimos que silban.
¡Qué cansado está el
hombre
de vivir sobre lo
rumoroso y breve!
Tus ojos me miran
heridos,
y devoran la iracunda
existencia.
Me acusan de que mi
vida
la he vivido creyéndomela.
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