Estás en la noche con bramidos
y vituperios llamándome.
En este final,
yo guardaré una estrella mojada,
tú la solitaria luna de bronce.
Se están escribiendo sinfonías
en esta noche cerrada,
y te revuelves y te revuelcas en el suelo
como un animal enfermo y deslumbrado
por el eterno girar del firmamento.
Me oirás herirte con el filo tan calladamente
que vendrán flores de arriba
a contemplar tanta belleza en tu sangre.
Oirás un bramido inmensamente dormido en el cielo.
Oirás que fluyen los besos
desde un hombre solo hasta tu conmoción de estrellas.
Oirás una piedra y un cabello.
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