Mi frente te guarda en lo más caluroso
de la idea.
Deriva mi frente de la idea al aullido,
sembrando calaveras,
y no se duerme nada lo dormido
de la idea que fija tus ojos y los enreda
en un extrañamiento animal.
Triste, triste, se va agotando el vuelo de las alas
viejas,
como una poderosa nube roja,
como la imagen de un arcángel que rememoras.
Y vuelves vociferada al insomnio,
y el perro abominado de las afueras
te lame los dulces dedos.
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