Este sótano
de ratas y turbiedad,
de broncos
fríos y garganta obstaculizada,
parece reír
con mueca donde el hueso
es encerrado
y excitado de blanda mañana.
Ríe, ríe del
caldeado amante
que no toma
la vida sino la ignorada
fricción de
un perro
que en
sueños destila el semen en su costillada.
Ríe, ríe
porque el vocablo
que nombra está
desalentada
lluvia de
tizones y gloria de suelos
no le cabe
en la boca y en la cara.
Aquí todo
está como pisando mierda.
Aquí no cabe
una inhalación menos insana.
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