sábado, 6 de mayo de 2017

Sobre el Orden...


A cada uno de nosotros la vida puede parecerle un precioso continente de maravillas. Nada tiene tanto valor para nosotros porque la comparación con otro valor la supone portadora de él y por consiguiente superior a todo. Desde hace unos días he sido abordado por la idea de que lo que parece tan nebuloso no es más en el fondo que la perfección lograda en un instrumento inaudito de acción política. Lo que ha pasado es que durante un micro momento irrespirable de lucidez he visto lo que hasta ahora venía siendo mi vida: El regalo más maravilloso de Dios tirado a una letrina. Desperdiciada por completo. Así surgió la idea sólo novedosa para mí de que la vida a cada cual le es una pequeña misión en el descomunal propósito de la humanidad de santificar el Orden o el Mundo. No se trata de que el hombre por su propia autoayuda se acerque a Dios, sino de que el Orden en el que estemos instalados no nos niegue poder estar en los brazos amorosos del Altísimo. No se trata de luchar por la santidad del hombre, sí por un Orden santo. Estoy convencido que para ciertas sensibilidades religiosas desarrolladas no es una novedad que la seducción del Mal en todas las dimensiones del Orden o Mundo imposibilita una pura acción santa y que las acaba por devorar a favor suyo, a favor de su Reino del Mal. En este sentido soy revolucionario ya que considero necesarios “profundos cambios” en el Orden. Legiones de hombres con extrema sensibilidad, astutos, mansos y sabios serán imprescindibles. Pero no confundan lo que propongo, por favor, con un Estado Confesional. Yo voy mucho más lejos, mucho más de lo que pueden dar a entenderse en estas pocas líneas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario